Apnea del sueño y roncopatía por el Dr. Gómez Mira

20 Oct Apnea del sueño y roncopatía por el Dr. Gómez Mira

El Síndrome de apnea del sueño  se hace cada vez más frecuente en nuestras consultas. Los motivos son, por un lado, una mejor identificación del mismo y por tanto un aumento de casos con diagnóstico positivo y, por otro lado, ciertos hábitos que conlleva nuestra sociedad actual que contribuyen a su aparición y potencian su sintomatología.

La apnea del sueño consiste en la interrupción de la respiración durante el sueño, provocando diferentes tipos de ronquido (roncopatías), con un patrón de frecuencia y duración de los episodios que determinará la gravedad del proceso. En este sentido, y de forma general, podemos clasificar la apnea del sueño en tres grados:

leve: cuando la frecuencia es entre 5 y 15 apneas por hora y la duración de cada una no supera los 10 segundos.

moderada: cuando la frecuencia es entre 15 y 30 apneas por hora y la duración de cada una puede superar los 10 segundos.

severa o grave: cuando la frecuencia supera las 30 apneas por hora y la duración de cada una puede superar los 10 segundos.

La causa de la apnea del sueño se asienta en dos grandes grupos:

apnea obstructiva del sueño. Comprende el 90% de los casos y se origina por cualquier proceso o circunstancia que produzca o favorezca una obstrucción de las vías respiratorias. Entre otras causas estarían: amígdalas grandes y vegetaciones, maxilar inferior muy pequeño, obesidad, alteraciones en la forma del paladar, lengua grande que caiga hacia atrás, dormir boca ariba.

apnea central del sueño. Supone no más del 10% de los casos y se origina, a grandes rasgos, por cualquier proceso o circunstancia que impida la correcta comunicación entre el cerebro y los músculos respiratorios. En este grupo estarían: insuficiencia cardíaca, accidentes cerebrovasculares, exposición a grandes alturas, toma de determinados fármacos.

En cuanto a la incidencia y factores predisponentes debemos decir que es más frecuente en hombres que en mujeres, por encima de los 40 años, con una incidencia del 10%. En franjas superiores de edad, 60 a 80 años, la incidencia aumenta al 25%. En estos casos el sobrepeso es un factor importante de predisposición, asi como el consumo de tabaco y alcohol y las comidas copiosas antes de dormir.

Tambien es frecuente en niños, ocurriendo en la mayoría de los casos por la presencia de amígdalas hipertróficas y grandes vegetaciones que obstruyen parcialmente las vías respiratorias.

Puede darse tambien en bebés, en estos casos producida por atresia de coanas, es decir, disminución del espacio anatómico que sirve de paso entre la parte más posterior de las fosas nasales y la faringe, ocasionando por tanto una dificultad al paso del aire.

Entre los síntomas que acompañan a los pacientes con apnea del sueño figura el ronquido como principal manifestación. En la mayoría de los casos suele ser lo que provoca que el paciente consulte con el especialista. Suele ser un ronquido fuerte interrumpido bruscamente por un resoplido final, aunque puede adoptar otras formas (diferentes tipos de roncopatías).

Tambien encontramos dolor de cabeza matutino, cansancio y fatiga mantenidos, somnolencia diurna (microsueños), alteraciones de la concentración y la memoria, disfunción eréctil y depresión.

El diagnóstico es bastante sencillo en la mayoría de los casos, basado en las explicaciones que el paciente da sobre sus síntomas. Se completa con analítica sanguínea y, fundamentalmente en los casos más severos, con un estudio polisomnográfico en una unidad del sueño donde, de manera precisa, confirmarán y evaluarán el grado de severidad de la apnea. Para ello, el paciente debe pasar la noche en la unidad, registrando mientras duerme la frecuencia cardíaca, la saturación de oxígeno en sangre (oximetría), y realizando un electrocardiograma (ECG) y un electroencéfalograma (EEG).

El pronóstico de la apnea del sueño, independientemente de su causa, está relacionado con un riesgo aumentado de enfermedad cardiovascular y la instauración o no de un tratamiento adecuado. Sin él, las apneas graves (más de 30 en 1 hora) pueden alcanzar una tasa de mortalidad de hasta el 40% en un período de 10 años.

El tratamiento suele ser paliativo en la mayoría de los casos, aliviando la sintomatología. Tambien dependerá de la causa que lo produzca y de la gravedad de la apnea.

En todos los casos, la instauración de unos hábitos saludables es de vital importancia. Hablamos de controlar el peso, evitar el consumo de tabaco y alcohol, hacer ejercicio, dormir de lado y regular los períodos de sueño y vigilia garantizando las horas de sueño adecuadas.

En casos de apneas leves y moderadas puede ser muy efectivo el uso de dispositivos de avance mandibular. Consisten en una férula intraoral que se coloca sobre los dientes forzando la mandíbula a una posición más adelantada, evitando con ello el bloqueo de las vías respiratorias, mejorando así la oxigenación y, por tanto, la calidad del sueño. Asimismo contribuyen a eliminar el ronquido, siendo éste uno de los efectos más valorados por los pacientes. Son aparatos hechos a medida y personalizados para cada paciente. En los últimos años, en la actividad diaria de nuestra clínica, ha aumentado exponencialmente la demanda de estos aparatos con la obtención de grandes resultados.

En los casos moderados complejos y graves se suele utilizar la máscara respiratoria CPAP, que consiste en una mascarilla que se coloca sobre la nariz y la boca conectada a un aparato que produce una presión positiva de aire que penetra en las vías respiratorias manteniéndolas abiertas durante el sueño, evitando así las pausas en la respiración. Requiere un período de aprendizaje y acostumbramiento para su uso.

Por último, sólo en casos muy indicados o cuando no han funcionado los tratamientos anteriores más conservadores, se pueden realizar ciertas técnicas quirúrgicas para intentar mejorar las apneas. Entre ellas estarían la extirpación de amígdalas muy grandes, la extirpación de pólipos nasales, la corrección del tabique nasal y técnicas de remodelación del paladar. Suele ser raro recurrir a estas técnicas quirúrgicas dados los buenos resultados obtenidos con los tratamientos conservadores, y los riesgos y complicaciones  inherentes a las mismas.

 

Dr. Gómez Mira

 

 

 

 

 

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